Basado
en el Informe de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo
XXI, UNESCO: “La educación encierra un tesoro”. Allí se describen las líneas
maestras por las que transcurrirá el desarrollo de la educación en los próximos
veinte años, a nivel mundial.
Educación a lo largo de la vida.
Se cuestiona el principio, asumido hasta ahora, de que al comienzo de nuestra
vida realizamos los aprendizajes necesarios para poder desempeñar las
actividades propias de la vida adulta, adquiriendo todo aquello que necesitamos
para ser nosotros mismos e integrarnos como miembros activos de la sociedad.
Para
el Informe mencionado (“Informe Delors”), las condiciones del mundo actual
son tales, que necesitaremos períodos escolares de aprendizaje a lo largo de
toda nuestra vida.
Los
cuatro pilares de la educación.
Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser.
2.1. Aprender
a conocer. Hoy, la escuela está orientada a aprender conocimientos.
Esto hace referencia a la captación e interiorización de un programa de datos
de conocimiento ya establecido. Aprender a conocer implica no tanto unos
contenidos preestablecidos cuanto la
capacidad misma de acceder a los datos y procesarlos. La nueva escuela debe
lograr que los alumnos desarrollen las capacidades, estrategias y recursos
personales para acceder por sí mismos al conocimiento. Tal propuesta no se basa
en la insatisfacción producida en los profesores o en el llamado “fracaso
escolar”. Estos dos factores, aunque existen, no son tenidos en cuenta por el
Informe Delors. La propuesta se basa en la incapacidad
que el modelo de aprendizaje de conocimientos plantea frente a los desafíos
que el futuro presenta a las personas en actual proceso de formación, y a los
que han de venir tras ellos.
2.1.1.
La nueva función de la escuela.
En la sociedad actual, la escuela ha perdido el monopolio de la transmisión
cultural; es más, esa misma función ha dejado de tener importancia como tarea
identificadora de la escuela. En la sociedad
de la comunicación, el acceso a los contenidos de la cultura se realiza a
través de múltiples fuentes de información que están permanentemente a
disposición de los miembros de la sociedad, independientemente de la edad o
situación de estos. Además, tanto por el contenido como por la forma de
transmisión, tales contenidos provocan un impacto que hacen de su mensaje algo
mucho más significativo, más vivo y más atractivo para los escolares que los
generalmente “asépticos” mensajes informativos de la escuela. Por otro
lado, en muchas ocasiones las informaciones que la escuela transmite llegan al
alumno cuando éste ya ha adquirido sobre los hechos el conocimiento de aquellos
elementos más directamente relacionados con la vida real. Así, la escuela
queda también privada de uno de sus
más importantes recursos: el interés
motivador de los conocimientos que imparte.
Para
Celso Antúnez[2], la escuela como
transmisora de informaciones no se justifica ya. La figura del niño, incluso
del adolescente, que va a la escuela para recopilar informaciones es tan
anticuada y patética como la del individuo que necesita levantarse para cambiar
el canal de TV.
La
escuela del siglo XXI sólo tendrá sentido en la medida en que sea capaz de
asumir nuevas funciones.
Dentro de ellas –y, habida cuenta de que las informaciones que llegan al
alumno a través de los medios suelen ser parciales, sucesivas, sin pretensiones
de crear estructuras mentales organizativas, además de ajenas a su preparación
previa o madurez– la escuela debe estructurar
y organizar esas informaciones recibidas por el niño a través de
diferentes medios. También debe proporcionar
los recursos necesarios para poder relacionar, valorar y discernir las
informaciones recibidas, y anticipar sus
consecuencias y posibilidades de aplicación a las distintas áreas de la
vida y de la cultura.
2.1.2.
Las condiciones de la vida en el futuro. El futuro inmediato plantea
determinadas condiciones que también condicionan esta nueva orientación de la
escuela. Los conocimientos adquiridos corren el riesgo de quedar obsoletos tanto
por el paso del tiempo como por los necesarios cambios de espacios y
ocupaciones. El Informe Delors se refiere a tres connotaciones que determinan
ese futuro: permanente situación de novedad e improvisación, versatilidad en
el dominio de recursos y posibilidades de trabajo, y necesidad de superar el
concepto meramente económico de la educación (educación para la producción)
para llegar a la educación como desarrollo integral humano. Es decir: la
escuela habrá de formar personas capaces de evolucionar, de adaptarse
a un mundo en rápida mutación y de dominar
el cambio, por lo que será vital
promover el desarrollo de las capacidades cognoscitivas en lugar de la mera
adquisición de conocimientos construidos como si fueran situaciones
definitivas.
2.1.3.
¿En qué consiste aprender a conocer?
El éxito de una educación básica está en su capacidad para aportar a la
persona el impulso y las bases que le permitirán seguir aprendiendo durante
toda la vida, no sólo en el empleo sino también al margen de él. Tres
aspectos fundamentales: desarrollo de la
atención[3]
(aprender a centrar la atención en las
cosas y en las personas, aprender la disciplina que supone seleccionar campos de
conciencia sobre los que realizar tareas de aprendizaje o de producción,
ejercitar la capacidad de evitar las distracciones y concentrarse de manera
sostenida en la tarea), la ejercitación
de la memoria (sólo conservando en la
memoria referencias fundamentales es posible dar sentido a la información que
el entorno va poniendo a nuestra disposición) y el ejercicio del pensamiento (articulación
entre lo concreto y lo abstracto, combinación de los métodos inductivo y
deductivo, aplicación de lo aprendido a nuevas situaciones).
No
es lo mismo “conocer” que “aprender”. Lo primero sólo exige presencia
del objeto, mientras que aprender requiere esfuerzo por retenerlo. Cuando se
habla de “aprendizaje significativo”, en ocasiones se pretende que se
realice sin esfuerzo, como si se equiparase a un aprendizaje espontáneo o no
intencional. Nada más lejos de la realidad: la adquisición requiere esfuerzo.
La diferencia entre el aprendizaje memorístico y el significativo radica en el
modo en que se realiza, no en que uno precise esfuerzo y otro no. Ante la
necesaria selección de aquellos
contenidos de aprendizaje sobre los que la educación va a centrar su
esfuerzo, uno de los criterios fundamentales para tal selección debe ser la capacidad para generar pensamiento.
2.1.4.
Las herramientas para aprender a conocer. El “aprendizaje
significativo” y la enseñanza de “contenidos
procedimentales”. El aprendizaje
significativo permite a la escuela crear las estructuras cognitivas básicas
para integrar de forma organizada los conocimientos que pueden adquirirse a lo
largo de toda la vida. Esta concepción del aprendizaje humano contempla el
conocimiento como fruto de la interacción entre la persona y el medio, poniendo
de manifiesto hasta qué punto los procesos de aprendizaje no son tan sólo
procesos de conceptualización, sino verdadera ejercitación de capacidades
personales sobre la realidad que rodea a la persona. Así, el aprendizaje es un
proceso de construcción del conocimiento, que tiene lugar en los procesos de
interacción entre la persona y la realidad del entorno. La necesidad de organizar la experiencia nos lleva a buscar esquemas
(representados por conceptos) en los que encuadrar los objetos o hechos
percibidos en la experiencia. El proceso de conceptualización comienza siempre
por los conceptos supraordenadores.
Cuanto más alto sea el nivel del supraordenador,
mayor será el número de experiencias que es capaz de organizar. “Aprender
a conocer” significa que el alumno ha adquirido una estructura de
conceptos supraordenadores y de ordenadores inclusores suficientemente amplios como para poder introducir en su
esquema organizador del mundo cualquier experiencia nueva, cualquier hecho u
objeto que se presente como novedad a su percepción. Si, por el contrario, el
bagaje de conceptos que se proporcionan al alumno para ordenar su contacto con
la realidad no es lo suficientemente amplio, la capacidad para organizar su
mundo (“aprender a conocer”) será restringida. Habrá multitud de hechos
que escapen a su comprensión, debido a la limitación o escasez de amplitud de
los conceptos con que se cuenta para organizar el mundo que percibe.
Los
contenidos procedimentales
proporcionan las destrezas y el método necesarios para abordar cualquier nuevo
objeto de conocimiento, una vez superados los procesos escolares de aprendizaje.
Los procedimientos se refieren tanto a las destrezas para manipular la realidad
del entorno, como al método para adquirir nuevos conocimientos.
2.2.
La función del conocimiento: otorgar sentido a la realidad. Bruner
descubre que la función del conocimiento humano es doble: por una parte,
responde a la necesidad humana de organizar la realidad del universo en que
vive. Esta organización le proporciona seguridad existencial. La segunda función
se refiere al modo concreto de alcanzar esta organización: el conocimiento
consiste, fundamentalmente, en otorgar
significados a la realidad. Otorgar significados consiste en determinar el cúmulo
de posibilidades que la realidad posee, y en definir el modo en que estas
posibilidades de la realidad afectan a la persona o a otros elementos de la
realidad. Así, lo que no significa nada para mí es como si no existiera.
Conocer consiste en descubrir el significado de las cosas. Ese conocimiento no
es meramente receptivo. Se trata de una acción positiva de la mente, fruto de
su percepción de la realidad. Otorgar significado es una consecuencia de la
experiencia: en la realidad física, por ejemplo, conocer su estructura, sus
leyes... no es sino percibir las posibilidades de la realidad. Sólo cuando
tiene lugar la experiencia de esas posibilidades, el conocimiento se hace
verdaderamente significativo: dotamos a esa realidad de un significado.
En el terreno del aprendizaje, el dispositivo mental mediante el cual, desde los primeros años, la mente humana crea los significados de la realidad es, para Bruner, la autonarración. Bruner ha demostrado la existencia de procesos permanentes de autonarración desde edades bien tempranas. El niño, a medida que actúa sobre la realidad, va hilando un discurso en el que se cuenta a sí mismo o cuanta a un tú imaginario no sólo lo que está haciendo, sino también el sentido de lo que hace: el porqué o el juicio moral que le merece. Por eso, los niños entienden más fácilmente las proposiciones lógicas si forman parte del curso de una historia. La narración, la capacidad narrativa, constituye una de las herramientas fundamentales del aprender a conocer.
Pablo Canosa
[1] Extractado de Artacho López, Rafael: “La enseñanza de la religión en el siglo XXI”. Educadores, nº 125, julio – septiembre de 2000.
[2] Antúnez, Celso A.: “Estimular las inteligencias múltiples”. Narcea, Madrid, 2000.
[3] La sociedad de la información crea modelos de comunicación basados en mensajes breves e impactantes que no reclaman el sostenimiento de la atención: el sketch publicitario, el eslogan, el minireportaje... Todo ello para defenderse de la actitud de atención discontinua, habitual entre los telespectadores, radioyentes, etc., provocada por la llegada constante de información a través de distintos medios.
